El precio de la soledad.
En una sociedad donde muchas cosas parece que se han de hacer como si de una lista de la compra se tratara, una es la de tener pareja, ya sabes, nacer, crecer, reproducirse y palmarlas. Pero como somos seres civilizados, las cosas no son tan fáciles, y toca estudiar, si es un carrera mejor, buscar pareja, la hipoteca, el gato, el niño y currar hasta la jubilación donde podrás disfrutar de lo trabajado, si es que tienes salud para ello. Pero volviendo al tema, que como siempre divago. La tarea de la pareja, y lo complicado que es estar solo. Por un lado esa pulsión de querer compartir la vida, y por otro todos los tópicos hacen que estar solo no sea fácil. El precio de la soledad no es sól algo figurado, tambien es algo monetario, raciones para dos, viajes para dos, etc, etc, que hace que para tener una vida normal (según los estándares) el desembolso económico sea mas alto, . Pero no es eso (o no solo) lo que me preocupa, es el precio anímico, las energías que hay que emplear cuando no se está bien y no hay un apoyo, por lo que llegado el momento se añora ese algo, desde el polvo de alegría, a la caricia de complicidad que dice mucho sin decir nada. Eso lo he pensado muchas veces. Pero últimamente también he reflexionado sobre el precio de estar en pareja, cual es el precio a pagar por quienes no quieren pagar el de la soledad. El atarse a una persona solo por estar, por no creerse lo suficiente para encontrar alguien mejor. Aguantar discusiones, solo porque es normal en la pareja, y recoger cable después del calentón haciendo ambos como que no ha pasado nada, como en la canción de Ismael Serrano. Mucho he echado de menos el roce de otra piel cuando he estado bien, y unos ojos que de verdad vieran las grietas que tenía dentro cuando a mi alrededor solo tenían ojos para sus propios ombligos, pero sinceramente, pago bien a gusto ese precio con tal de poder ser yo, de aprender a reconstruirme cuando es menester y tirar para adelante sin tener que renunciar a mí. En definitiva, creo que lo primero para que una relación sea sana es el amor y el respeto por uno mismo, gracias a eso puedes dejar a un lado lo que no te conviene en cuanto lo detectas, tal y como me pasó hace ya unos diez u once años. Unas palabras no sentidas habrían servido para continuar aquella relación. Simplemente un “lo siento cariño” para cerrar una discusión que no tenía sentido, pero que sirvió para quitarme la venda de los ojos con aquella persona, o como diría Marian Rojas, famosa psiquiatra, se me volvió a activar la corteza prefrontal. Podía haber sido un poco mas pragmático, y fingir un poco para ser como el resto y tener mi pareja, y ya de paso un poco mas de sexo, pero entonces habría tenido que pagar el precio de la compañía, de la no adecuada, y no estaba dispuesto, a sabiendas que tras ella la siguiente tardaría mucho, pero me pareció lo mas honesto, aún quedándome solo en medio del bosque.Etiquetas: Parejas, reflexiones
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